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La Venganza será terrible

A la medianoche, la proliferación radial de videntes, profetas de dos pesos y vendedores de elixir se ve amenazada por la aparición, casi insolente, de un gran ficcionador que se atreve a proponer un humor inteligente, valiente, culto – aunque sin afectación – y por si fuera poco pletórico de recursos geniales.

Así, al dar la medianoche, por Radio Continental y El Espectador este descarado ficcionador y sus secuaces Gabriel Rolón y Guillermo Stronati, calientan los motores leyendo los mensajes que llegan por correo electrónico al programa a modo de preámbulo de una siempre amena reflexión de ecléctica temática y singular abordaje, para luego comenzar el viaje alucinante por la ficción de los antiguos amores de Alejandro Dolina.

De esta manera, el conductor se convierte en diferentes y siempre entrañables antihéroes que inevitablemente terminarán perdiendo a la mujer amada; para luego desahogar las penas en el boliche acodados en algún estaño mientras el sordo Gancé desgrana varios tangos y alguna milonga en el órgano.

Indudablemente un programa que trasciende no se basa únicamente en el deseo de hacer reír y éste no es la excepción; en él, Dolina hace gala de sus habilidades musicales y capacidad de improvisar (secundado en forma muy armónica por sus compañeros) logrando que en la construcción de los bloques tanto las historias como la música o los diálogos surjan de manera fluida y elegante.

A través de las iteraciones cuidadosamente dosificadas a las que nos referíamos y unas interrupciones que el oyente aprende a esperar tanto como las historias del pasado amoroso del gran antihéroe - Dolina incorpora, a la manera de los apartes del teatro, reflexiones personales en las que vierte sus opiniones o, por decirlo de una forma en la que quizás él no se expresaría, su filosofía.

Una característica notoria del programa es el innegable orgullo del autor por un producto excelente, de irreprochable calidad de forma y contenido, con alguna nube de tormenta que atraviesa el firmamento cuando algún adulador empalagoso u omnipotente crítico de dos pesos cruza la frontera de lo que Dolina está dispuesto a admitir.

Finalmente, el tramo culmina con la dedicatoria de la charla, que sería, en sentido más estricto la elección de un "ranking" entre los personajes citados según los criterios de los conductores y su sensibilidad personal y que constituye un momento en el que Dolina parece encarnar, de una sola vez, a toda su grey literaria, los "muchachos sensibles de Flores" mientras que Rolón hace lo propio con sus opositores, los "refutadores de leyendas". Así,el programa hace esta única concesión al romántico maniqueísmo de Dolina.

Una vez terminada la charla, ésta se ilustra con una melodía que ilustra el tema disertado.

Asignadas ya dedicatoria e ilustración, el conductor decreta, por primera vez en la noche, "¡pausa!" Como preámbulo a la melodía elegida.

El segundo bloque del programa es la otra concesión al mundo de la interactividad . En él se leen los mensajes que los oyentes les hacen llegar por diferentes medios, siendo obvia la preferencia que tiene el conductor por las cartas, entendiendo por tales las escritas con un estilo cuidado en la comunicación, no en ese código seudomorse de los correos electrónicos, y no necesariamente las que han sido traídas por el cartero.

Al comenzar el tercer tramo, se instala la tónica surrealista del segmento del programa que se dedica al ama de casa, ya que como nos hace saber el propio Dolina, le llaman numerosas amas de casa indagando acerca de éste o aquel tema que puede oscilar entre tópicos tan variados como la mejor manera de agarrar un canario o cómo elegir un melón.

A los efectos de ilustrar acerca los asuntos requeridos, se recurre a la lectura de sesudas monografías publicadas en las más variadas fuentes, las que van desde artículos de revistas de farándula hasta las reglas de uso de la piscina del hotel en el que se hospedaron los integrantes del programa durante su estadía en Mar del Plata.

Un muy amplio y original repertorio de recursos permite que las invenciones sean tan hilarantes para un neófito como para el iniciado, pero permitiendo a éste último esbozar alguna sonrisa cómplice cada vez que los citados perpetradores comentan la dimensión exacerbada de los objetos australianos (ya que como todos saben, en Australia las cosas se hacen más grandes) la sequedad de Polonia o el momento en que entran en escena los doctores Barragán y Giménez del Cerro.

De todas maneras, además de una gran variedad de recursos, lo que hace al éxito como humorista de Dolina, es el dominio de la esencia de todo histrionismo de improvisación: un manejo absolutamente perfecto de la variable tiempo. Es así como no solamente su sentido de la oportunidad es exacto como un metrónomo, sino que lleva un control excelente de todas las puntas del ovillo en que se convierte la trama de la(s) historia(s) que va entretejiendo, de manera tal que va cerrando absolutamente todos los temas abiertos, y al detectar un punto dramáticamente adecuado para el final, sentencia "pausa" y termina el bloque, dejando prácticamente siempre al escucha con la sensación de haber sido testigo de algo que valió la pena escuchar.

En fin, al terminar el programa, Dolina hace gala de una exquisita destreza en el órgano tocando los temas que pide la audiencia del programa mostrando ser dueño de un repertorio increíblemente extenso.

Al final, a la voz de "corran las sillas y echen a las viejas", el sordo interpreta un tema alegre, para que el arquitecto encabece al público en el trencito que se dirige a la salida, obviamente, con paso de murga...

 
 
 

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